
Hace tiempo
Que el viento nos ciñe,
Curioso del tacto
De nuestro cuerpo,
Y que el espacio, ese,
Entre dos sombras,
Acoge por entre las ondas
Nuestra menesterosa osadía.
Hace tiempo
Que la tierra sostiene
Nuestra incierta gravedad,
Consintiendo que la postrasen
A una engañosa llaneza.
Hace tiempo que el fuego
Prendió en la altura del fresno,
Ofreciendo su ambiguo tesoro
De soles y espantos.
Tan sólo
El indefinido flujo
Nos mantiene abiertos,
camino de la ventura;
Como ensueños
De intrincado diseño
En el que inscribir
Nuestro fugaz destino.
Cantad, hombres
De sendas estelares;
Saciad nuestra modorra,
Hasta que se inscriban
En nosotros el tiempo
Y el aire y la tierra,
El fuego y el agua
En los que estamos forjados,
En la alucinada comunión
De los elementos.
Cantoblanco, 1980-2006