domingo, 15 de febrero de 2009

Anni Versus Rosarum









No he de cavilar más,No... ningún ocioso
pensamiento
Atravesará mi mente;
Ni soñaré,Que el sueño retenga
Sus dedos de pluma.

Tampoco mudaréMi ropa, ni peinaré
Las honrosas greñas
Que vetean mis sienes;
CallaréComo espejo velado;Y un alma anular
Tenderá
Lindes perfectas
A mi forzado encierro.

No miraré,ni siquiera abriréLos ojosA este dosel de nubes
Que cerca mi espera.

No quisiera que,Desatento,
Se desbaratasenEstos lánguidos pétalos
Que me ensartanAl tormento
De tu ausencia.








Madrid, 14 de Febrero del 2009

domingo, 8 de febrero de 2009

Reclamo









A la presencia, me reclamas; 
a la claridad
de las formas y sus certezas,
Pero yo,
Como fulgor arco iris
A lomos de la corriente,
Me escabullo
Del improvisado cerco.

Y aunque para ser,
Escribo 
y entre líneas
Has de buscarme, 
que ignoro
El manantial donde brota
Cada palabra y su cadencia.

Mira allí, 
en los azogues de su cauce; 
cuando, remansado,
Espejea en las compuertas,
allí donde, 
extrañado como Narciso,
Presumo mi propio rostro.

Si escribo,
Es con la ingenua esperanza
De crearme, 
iluminado por las contracciones
Del nombre; 
pues, sin ello, soy apenas 
un hiato;
Silencio de corchea;
Sospecha y temor
Entre esta perenne bruma
Donde alientan las formas.

Ya ves, 
yo también me reclamo
al espacio
Invisible tras la palabra,
Aunque no para retratarme
De cuerpo presente;
Ardides de la apariencia
Y de lo que nos guarnece.

No…búscame 
en la plaza, junto al pilón,
Donde el vocero
Ensancha sus razones
Y llévame en tu camino
Guarecido en el amable
Regazo de tu memoria








Madrid, Febrero del 2009


jueves, 29 de enero de 2009

Kind of Blues


 



Cada experiencia,
Cincelada en el ritmo;
Cada recuerdo,
Celebrado humildemente;
Cada palabra,
Con ansiedad esperada
Y esta luminosa mañana,
Derramándose sobre la hoja.
Todo ello, soy yo mismo.

El cedro cuyo gris verdea
Sobre el suelo enlosado;
El rastro de caracol
En la jarra de cerveza;
El rumoroso mar
De renovadas voces;
Y hasta el peircing retador
De los hitos anatómico.
Todo eso, soy yo mismo.

Como tu persona
Cuando a mis lindes se llega;
Como cada cual
Y de lo que de sí mismo ignora;
Como el Soberano
Que cada noche abdica;
Como Sirio
Nuevamente remontando.
Todo eso, soy yo mismo.

Y esta letanía
Que mece mi acidia;
Esta tristeza
Sin días de Alción;
Estos ensueños
De adicto compulsivo;
Este páramo
Dilatándose desde entonces.

Todo ello y aun lo no dicho,

Lo por venir y la certeza
En vosotros de un mirar
Parejo. Todo ello, soy yo
Y viceversa.


 



Cantoblanco, Enero del 2009

domingo, 25 de enero de 2009

Atocha esquina Drumen



Hoy es una
De esas mañanas
Cuyas calles
Muestran sus entrañas
De varadero.

Brilla
Por su ausencia,
Rostro alguno
Al que interrogar;
Miradas
Cuyo sino
Aceleren mi pulso;
Sabia
De arce enyemado
En alcorque
De granito.

Esa mujer enlutada
Compra
La placidez del viandante,
Al precio
De una rama de romero;
En las encrucijadas,
Tienden
Los trileros,
Redes de cartón
A la codicia cotidiana;
De los cinco continentes
Se humillan
Las frentes
Sobre guías de viajero,
Cilicios
De su ingenua esperanza.

Por doquier
Se expande el círculo
De una fraternidad
Redentora;
Micelio de gentes
En torno
De un rojo paraguas
Como una cruz de guía,
Animándolos
En su
andar anodino.

Hay mañanas así…
Que parecen
No llegar
A romper
Mi urna de cristal,
Ni a lacerar
Estas orondas mejillas
De sileno.




Madrid, Junio 2008-Enero 2009

viernes, 16 de enero de 2009

Paradoja


Lo primero que amé
Fue al amor,
A esa cóncava paradoja
De sentirse
Escindido y circundado.
De tremolar en soledad
Por las lindes
Que no me protegieron
Al verte
Manar tanta hermosura.


Madrid, Enero del 2009

viernes, 26 de diciembre de 2008

Asombro por un acorde






Mi sonrisa despunta, como entonces,
Al comprobar cómo no olvida mi cuerpo,
Ni tu tacto, ni tu voz, ni la amplitud
de tus gestos, en aquellos sencillos ritos
Con los que en ocasiones nos entretenemos.

Y aunque me perdiera entre bagatelas
De mundana excitación, yermos yugos
que engañan nuestros adentros,
Bastaría con pulsar el dulce bordón
De aquella caricia pasajera
O de aquel velado requiebro,
Para que mi imposible ser
Renaciese, troquelado a su reverso.

No olvidan mis labios la mórbida
Humedad que los hizo preso
Y mis yemas aun retienen, codiciosas,
Las derramadas guedejas de tu cabello;
Aun me enternece la planicie del codo
Como me embriaga el hoyuelo
Que se forma en tu cadera; Tanto
Como la curva de tu espigado cuello.

Descubrí que algunas palabras
Liban su dulzura en susurros,
Al amparo de los tibios oquedos;
Cómo se dispensan las pestañas
Caricias de mariposa y es que todo
Está dispuesto en el recamado encaje
Que logra tejerse en cada encuentro.

Y, hasta, al reparar, me conmueve
La forma en que a fundirse
llega
En ambos el oscuro tormento;
Como gotas que se encuentran
En el frío cristal de la memoria,
Al recobrarnos del último silencio.

Maestro de las infinitas formas
Es, para mí, el errabundo tiempo;
Señor que labra cada detalle,
Cual artesano anónimo, tejiendo
El estrecho margen, casi un ápice,
Que separa a las indelebles delicias
De poder forjarse en su acaso o perderse
Entre esta algarabía y enredo,
Que deslucen los preciados acordes,
Que dan sentido a todo empeño.




Madrid, diciembre del 2008

viernes, 21 de noviembre de 2008

Metamorfosis






Huyendo de un vivir sin naturaleza propia,
Ensayó su destino en el recreo de los Elementos;
Entre los que, por su modesta y delicada
apariencia,
Considero que el Aire se ajustaría mejor
Al índole de sus giros y destemplanzas.

Y Así, rondó por un tiempo como rumor seco
Entre las hojas, polvareda entre los rastrojos y,
Libremente suspendido sobre la sombra de las vides,
Ciñó el talle de la mocedad, arrebolando el vestido
Y multiplicando la onda bien dispuesta del cabello.

¡Que hartura de viento!
Ni tranquila puede estarse una...!

Y al sentir
la mano apartándole y aferrando el pañuelo,
Se inflama y asciende, -¡Quién lo hubiera sospechado!
Al hermano viento, al mensajero de vuestras aladas voces,
A la brisa que acaricia y refresca… Y cuanto más lo considera,
Más se enciende, desprende y eleva.

Brilla entonces con fulgor redoblado, cubriendo a la Tierra
Y a sus moradores; unas veces para encerrarles
Huyendo del resol de mediodía; otras veces, compasivo,
Tomando del árbol ese tono advenedizo con que,
Al atardecer, vestir de color sus candelarias.

Mas, desde la cegadora altura, ¡Cuan extraña humanidad!
Trasiego y afanes por las que escudriñar las alturas;
¡Cuán lejano este recuento de todo! Vastedad del espacio
Que los ruegos no llegan a trasponer; fulgor que consume
las fragancias y desvanece los multicolores reflejos.

Solo en tan alta cátedra, la congoja deshace su alma,
Destilando sus sentidos como lluvia que a tierra se viene
Sobre la inmensa llanura y fluye entre las peñas y apriscos,
Abriéndose cauce sin tapujos y bullendo entre las simas
O buscando el amparo de los sauces; preñado de vida,
Ahíto de caricias de clorales dedos y lomos tornasolados.

Y he aquí que ella avanza, prendido aun el temor
De los ojos y el entrecejo fruncido por la osadía;
Tendida hacia la corriente la mirada, como tentando
En cada remolino algo más allá; hasta que y sólo entonces
Morosamente, le hiende, se abandona y retrae, nuevamente;
ingenuo asombro ante el destino de lo ya consumado.

¡Mira ese gesto con el que se desprende de la pesadumbre
Dando alas al pelo! Adelantado el mascarón del busto;
Dispuesta desde el puente de la nariz hasta la rodilla
En un delicado gesto con el que te herirá por siempre,
Entre esa luz de
almíbar; efeméride sin rastro ni fecha.

¡Ya fue, ya está hecho! Sin remedio quedaste preso
Entre los cantos y el cieno, por entre los
sumergidos
Carrizos y las raudas huidas; prendido, inmovilizado,
Suspendido... pero cuidado! ¡que no se marche! ¡detenla!
Sostenla, mece su geografía entre los puntos cardinales,
Aquieta la corriente o boga con ella hasta la ensenada...

Pero que no te abandone…

Mas he aquí que ya su espalda
, cual fuste, se yergue
Camino del romero, sin mostrar signo alguno
Que haga sospechar una mínima querencia; No...
Pasó el instante, fluyó bajo el arco del puente,
Se desvaneció como niebla entre la fragancia del brezo,
La caricia del cálido viento y el mullido roce del lejano sol…

Un hondo pesar le traspasa, de parte a parte,
Mientras el pecho se alza y desciende, boqueando
Como pez fuera del agua; Girando sobre sí,
Abatido y en tierra, como tórtola herida.

Mira entonces sus manos, como ajenas,
Recorrer su rostro, labrado ya en el destino
Azaroso de los Elementos y sonríe para sí,
Entre resignado y melancólico, mas como sólo
Podría hacerlo un loco, un amante o un poeta.


Cantoblanco 21 de Noviembre del 2008

En el Claro

Bailan las hojas  Bajo luces fugaces Brincan los corzos  ***** 葉は舞う 光の閃きで 鹿は跳ぶ  ***** Ha wa mau Hikari no hirameki de Shika wa tobu