viernes, 21 de noviembre de 2008

Metamorfosis






Huyendo de un vivir sin naturaleza propia,
Ensayó su destino en el recreo de los Elementos;
Entre los que, por su modesta y delicada
apariencia,
Considero que el Aire se ajustaría mejor
Al índole de sus giros y destemplanzas.

Y Así, rondó por un tiempo como rumor seco
Entre las hojas, polvareda entre los rastrojos y,
Libremente suspendido sobre la sombra de las vides,
Ciñó el talle de la mocedad, arrebolando el vestido
Y multiplicando la onda bien dispuesta del cabello.

¡Que hartura de viento!
Ni tranquila puede estarse una...!

Y al sentir
la mano apartándole y aferrando el pañuelo,
Se inflama y asciende, -¡Quién lo hubiera sospechado!
Al hermano viento, al mensajero de vuestras aladas voces,
A la brisa que acaricia y refresca… Y cuanto más lo considera,
Más se enciende, desprende y eleva.

Brilla entonces con fulgor redoblado, cubriendo a la Tierra
Y a sus moradores; unas veces para encerrarles
Huyendo del resol de mediodía; otras veces, compasivo,
Tomando del árbol ese tono advenedizo con que,
Al atardecer, vestir de color sus candelarias.

Mas, desde la cegadora altura, ¡Cuan extraña humanidad!
Trasiego y afanes por las que escudriñar las alturas;
¡Cuán lejano este recuento de todo! Vastedad del espacio
Que los ruegos no llegan a trasponer; fulgor que consume
las fragancias y desvanece los multicolores reflejos.

Solo en tan alta cátedra, la congoja deshace su alma,
Destilando sus sentidos como lluvia que a tierra se viene
Sobre la inmensa llanura y fluye entre las peñas y apriscos,
Abriéndose cauce sin tapujos y bullendo entre las simas
O buscando el amparo de los sauces; preñado de vida,
Ahíto de caricias de clorales dedos y lomos tornasolados.

Y he aquí que ella avanza, prendido aun el temor
De los ojos y el entrecejo fruncido por la osadía;
Tendida hacia la corriente la mirada, como tentando
En cada remolino algo más allá; hasta que y sólo entonces
Morosamente, le hiende, se abandona y retrae, nuevamente;
ingenuo asombro ante el destino de lo ya consumado.

¡Mira ese gesto con el que se desprende de la pesadumbre
Dando alas al pelo! Adelantado el mascarón del busto;
Dispuesta desde el puente de la nariz hasta la rodilla
En un delicado gesto con el que te herirá por siempre,
Entre esa luz de
almíbar; efeméride sin rastro ni fecha.

¡Ya fue, ya está hecho! Sin remedio quedaste preso
Entre los cantos y el cieno, por entre los
sumergidos
Carrizos y las raudas huidas; prendido, inmovilizado,
Suspendido... pero cuidado! ¡que no se marche! ¡detenla!
Sostenla, mece su geografía entre los puntos cardinales,
Aquieta la corriente o boga con ella hasta la ensenada...

Pero que no te abandone…

Mas he aquí que ya su espalda
, cual fuste, se yergue
Camino del romero, sin mostrar signo alguno
Que haga sospechar una mínima querencia; No...
Pasó el instante, fluyó bajo el arco del puente,
Se desvaneció como niebla entre la fragancia del brezo,
La caricia del cálido viento y el mullido roce del lejano sol…

Un hondo pesar le traspasa, de parte a parte,
Mientras el pecho se alza y desciende, boqueando
Como pez fuera del agua; Girando sobre sí,
Abatido y en tierra, como tórtola herida.

Mira entonces sus manos, como ajenas,
Recorrer su rostro, labrado ya en el destino
Azaroso de los Elementos y sonríe para sí,
Entre resignado y melancólico, mas como sólo
Podría hacerlo un loco, un amante o un poeta.


Cantoblanco 21 de Noviembre del 2008

miércoles, 15 de octubre de 2008

Calendario



 



Vendrán de nuevo las lluvias
Y nos cogerán de improviso;
Los vientos nos amenazarán
Con escarcha en el rostro,
Mientras el astro declina
Sobre la línea del horizonte.

Aun no habrán blanqueado
Los campos las primeras nieves,
Y ya dispondremos los bancales
Para que los próximos narcisos
Puedan acariciar el roquedo
Con sus dorados cálices.

Se despojó de hojas el almendro
Y el tulipán, torpemente, desnudó
Bajo la amplia sombra del castaño
Su orgullosa corola sangrante.

Segaremos y replantaremos;Y, antes que el abedul ventee
Su bifronte fronda bajo la amenaza
de un cielo plomizo, acodaremos
El rosal a la espaldera.

El invierno vendrá de suyo,
Mas, no para quedarse;
Caerán las hojas del calendario
Sin detener su sino, mientras,
Al amparo de la lumbre,
Conjuraremos el temor
Ante esta batalla perdida.


 



Huerta, Octubre 2008


sábado, 30 de agosto de 2008

Rastros invisibles


 



En un extremo del huerto, 
al resguardo de los soles de agosto
las gardenias destilan un sutil perfume 
que interrumpe mi lectura,
con una evocadora maraña de 
ecos etéreos.

Amanece un anhelado junio en Madrid 
y el quiosco de las flores
rebosa de pétalos variopintos frente al anden, 
aun oscurecido, que me arrebatará de aquí, 
hacia un puerto de calles refulgentes, 
cercado por marismas y balsas de azul cobalto; 
allá, en medio de un laberinto de lodo 
coronado de un ralo verdor
que guarece de los vientos,  
nace la paciente decantación de las salinas.

Cada anochecer, correrías de golondrina 
y el "Galán" exhalando sdulce aroma  
por el extremo de la recoleta plaza. 
 
Un sol acaramelado arranca destellos de nácar 
de la fachada de Don Justo que, solitaria, 
refulge en su coqueto modernismo.

Rachas de una brisa, cálida y terreña, 
arropan de ingenuidad el encelado recreo, 
camino de la orilla, por los pinos de Santa Ana. 

Un cerco de caricias y huidas 
abren trocha entre la tibia duna,
donde los rafales exudan su dulce rocío. 
 
Y tu sombra, clareando entre las adelfas, 
y yo, aturdido, afanándome tras tu rastro 
como lebrel que merodea las hondonadas. 

Tus dedos dejan sobre mi piel un reclamo 
de resina, mis labios trazan un sendero 
de suspiros hasta el lindero enagua. 

Un coro de caireles nocturnos acompasa 
el jadeo de la rompiente bajo un manto de luna  
que espejea en un mar de bonanza. 


Cual mal presagio, el encanto súbitamente se rompe,
Desbaratando las imágenes sobre el tapete de la noche,
Con todo, doy lo 
perdido por gozado  
y lo que creo que fue, por aquello que confiaba 
que pudiera, alguna vez, haber sido.

Antes de que todo se funda en negro
o se desbarate 
entre los estilizados reclamos 
del mercadeo cotidiano o que la melancolía
haga de mí su estatua de sal; deseo que 
esa otra razón enraizada en mi cuerpo, 
teja de nuevo su trama de invisibles rastros.


 



Huerta-Madrid, agosto-Septiembre de 2008

jueves, 26 de junio de 2008

Los días





Hay días que están hechos
De esperanzas deshilachadas
Como la madeja de un gato.

Hay días con soles
Bajo las sábanas,
Flores en el fregadero,
Sonrisas en las cortinas
y un sabor de regaliz
Que nos consuela
En lo peor de la jornada.

Hay días con pesares
Como setas en otoño
Y otros que languidecen
Como siestas junto al mar.

Hay días que tienden
Sus cabellos sedosos
Al tacto de los niños;
juegan al escondite

Con nuestras llaves
Y despuntan de colores
Nuestros lapiceros.


Hay días que callan
Su inasible secreto
Con un guiño cómplice
Y días que siguen
a otro días
y que,
Sólo nosotros,
Esperamos.




 



Madrid, Junio del 2008

jueves, 19 de junio de 2008

Cada mañana



 



Cielos de plata sobre inocentes pasos velados por el sueño
Rostros que tildan la
trasnochada fatiga tras gafas ahumadas
Autos que se precipitan tras autos petrificados ante
señales infantiles
Cansinos transeúntes que albergan recuerdos de colchas mullidas.


Una feria de anhelos que se traicionan con
mirada esquiva
Fauna de trajes cruzados amparándose tras urnas de cristal

Empedernidos transgresores expuestos a la heroica intemperie

Aspirando los humos
todos con la inconsciencia satisfecha.
 

Tumulto de bolsas agarrándose a los molinetes niquelados
Anuncios luminosos con palmeras tan lustrosas como improbables

Tintineo de tazas con su basso-continuo de
lácteo vaporizado
Cruces, trolley
s, paquetes desplazados y diarios deshojados.

Maremágnum de cuerpos agitados sin pudor ni consuelo

Mientras la música se enquista en los oídos auriculados

Paréntesis entre andenes y tildes tras las puertas corredizas

Destinos infinitos para reiteradas y
triviales labores. Cada mañana.


 



Madrid, Junio del 2008

jueves, 29 de mayo de 2008

Redacción





Mi madre es una constelación 
que he aprendido a observar y a cuidar. 



Las emociones habitan su rostro
Y cuando se ilumina
Me deslumbran destellos de patena.

Otras, aguaceros 
y nubes plomizas,
A veces me la ocultan,
Y, entonces, siento 

cuánto más la preciso. 
Aprendí a seguir
Su diaria rutina

De atropellados dones
y atender al sutil arco 
dibujado entre sus cejas.

También, he de evitar 
con tiento las estancias 
cuando espejean
Su laborioso
destello,
O aquellas tardes 
en las que su humor
Se enreda entre ingratas
Gavillas de tareas cotidianas.

Es entonces cuando, 
desde mis felices rincones
La asalto, hasta arrancarle 

esas risas que iluminan 
el atardecer de nácar. 
 Aunque en clase nos ilustren
Con fotos y cuadernillos,

Yo sé de mi madre en todas su fases.


Pues ella es la única constelación
Que en mí dispone
De su propio planetario.





Cantoblanco, Mayo-Junio del 2008

martes, 27 de mayo de 2008

En el Umbral




En el umbral de ese espejo sin azogue,
En la duermevela de mis afanes
Que me hurta la conciencia de ser
Con su inefable don de la ubicuidad;

A través de ese bostezo sin fondo
En donde habita toda posibilidad,
Soñé que mundos vivían en mí
Con el candor de las tardes de estío.

Tardes de caramelo que me sorprendían
Libando amores en el cerco de los labios,
Compartiendo anhelos y licencias,
Cumplidas con despreocupada lozanía.

Soñé vientos que, pese a su embate,
Elevaban mi cuerpo cual cometa;
Volando sobre maizales de rojizas flamas
Y campos de amorfas y dulces cidras;

Que la mar pendía del cielo y, entre terrones,
hormigas portaban miel mientras,
prendidos de sus perchas, dóciles azores
Acechaban a la ocasional imprudencia.

Soñé que un claustro de imposible delicadeza
Se tendía en el soleado jardín de unos baños,
Con su acueducto de mármoles satinados
Que se erguía a salvo de la avidez humana.

Al final, ignoro si fue efecto del despertar
O que, estando a punto de la vigilia,
Conspiraba, con onírico apremio,
Por atravesar el umbral y regresarme.

Ignoro la forma de averiguar si aquella trama
Estaba urdida sobre el diseño cotidiano
O bajo la brumosa corriente de
deseos perdidos.

Madrid, mayo de 2008

En el Claro

Bailan las hojas  Bajo luces fugaces Brincan los corzos  ***** 葉は舞う 光の閃きで 鹿は跳ぶ  ***** Ha wa mau Hikari no hirameki de Shika wa tobu